"Hola, Salvador;
"Leí tu relato y quedé encantada ya que es parte de mi propia
historia.
"Me gustaría comunicarme contigo y hablar de estas cosas y de
otras que nos hayan pasado.
Ginna".
Con estas palabras Ginna inicia un viaje sin regreso por las regiones del erotismo, hasta alcanzar límites que ni en sus más afiebradas pesadillas jamás soñó.
Cuando leyera el relato que la movió a escribir a su autor, se sintió conmovida por la pasión desplegada por esas dos mujeres en la cama, una seduciendo y la otra dejándose seducir. La situación descrita de cómo la protagonista se abandona al erotismo que despliega su cuñada le caló hondo y aunque en ese momento no pudo discernir la razón exacta de su emoción, se sintió presa de la trama, del hombre que debió presenciar esos hechos para describirlos tan vívidamente.
Y sin pensarlo mayormente, le escribió. Volvió a escribirle, atraída por la calidez que emanaba de sus palabras en la respuesta a su primera carta. Aún ahora no comprende la verdadera razón por la que tan pronto empezó a confidenciar detalles de su vida íntima a un desconocido, confidencias que tantas sorpresas le depararían.
"Salvador,
"En su momento me sucedió algo parecido.
"Fue un tío quien me inició en el sexo, y lo hizo de una
manera, si bien tierna, muy premeditada y en un largo espacio de
tiempo, ya que utilizó toda su experiencia en irme convenciendo.
Ginna".
La respuesta fue mesurada, sin asomos de escándalo ni de curiosidad malsana ni de querer aprovechar la situación para desplegar una batería de frases lujuriosas destinadas a satisfacer oscuros deseos reprimidos. Al contrario, el tono de su carta era el de un amigo que quería apoyarla y aconsejarla de la mejor manera posible.
Ello y lo atinado de sus palabras la convencieron de que ese hombre era una caballero en el que podía confiar sus intimidades sin temor de que se aprovechase de las circunstancias. Por otro lado, la situación misma era desde todo punto de vista erótica, y ella sentía que estaba al borde de una laguna, indecisa, pero sabía que todo su ser la empujaba a tirarse y perderse en sus aguas. Sabía que podría terminar ahogada, pero se sentía atraída por lo profundo de las aguas que la invitaban a hundirse en ellas. Y sin detenerse a pensarlo mayormente, se lanzó al medio de la laguna.
"Salvador,
"No tengo nada que disculparte. Tampoco cuestionarte pues en
gran medida me siento identificada contigo en el erotismo.
"A veces fantaseo y cuando encontré esa página de relatos me
sentí colmada, excitada y con ganas de seguir leyendo, pero
también de hablar con esos autores que tienen la capacidad de
plasmar lo que sólo me atrevo a sentir en la oscuridad de mi cama
matrimonial, sin poder hablarlo.
"Tengo deseos que me asustan, pero que sin embargo no los
desecho, sino que los atesoro y sueño despierta.
"Quisiera poder hablar más libremente, pero... no sé bien
cómo hacerlo.
"¡Claro que quiero que sigas escribiéndome!
"No te imaginas la alegría que sentí cuando me respondiste...
"¡Cuéntame más!
"Un beso.
Ginna".
Al releer lo que había escrito estuvo a punto de borrarlo, por lo evidente de sus intenciones, pero una mano invisible, poderosa, se lo impidió. Y quedó esperando con la nerviosidad de una adolescente lo que él le diría. Pero ese hombre no se escandalizó ni dijo nada impropio, al contrario. Todo era natural para él, que se ofreció a guiarla para encontrar una salida a sus inquietudes.
"Salvador,
"Te decía de mis represiones, de mis fantasías y de la falta
de acompañamiento, que hace que me falte una parte de mi ser.
"Hoy siento que puedo volcar en estas cartas, y a ti, las cosas
que burbujean dentro de mí.
"Me casé muy joven, con apenas 17 años. Las esperanzas que se
generaron hace 7 años fueron desgastándose y hoy paso los días
sin expectativas y las noches sin respuestas.
"Mi esposo es bueno a más no poder, una excelente persona,
pero muy convencional y clásico. Cuando he podido hablar con alguna
amiga, me doy cuenta que a mis noches les falta algo. El sexo es muy
breve, sin demasiados adornos, sin casi ningún juego.
"He leído historias que me excitan, que me gustaría vivir.
"Quiero que entiendas que me cuesta escribir estas cosas, pero
percibo en ti un confidente y me siento cómoda de expresarme. A
veces desearía hacer otras cosas con mi marido. Sé que son
normales, pero a él no se le ocurren, y cuando he intentado tomar
la iniciativa a él no le ha parecido atrayente.
"Me cuesta mucho seguir contándote.
"Un beso.
"Ginna.
"PD. Leí tu relato de las cuñadas... Me gustó mucho y me
excita (me avergüenza decirlo). Cuéntame más cosas. Dime más.
Quiero saber".
A partir de ese momento la situación empezó a escaparse de sus manos para pasar a las más expertas de su desconocido confidente, que la llevó pausada pero inexorablemente por las sendas del erotismo.
Al tiempo que le daba atinados consejos para preservar su matrimonio, iba deslizando comentarios o juegos de palabras en los que ella se fue involucrando en un juego erótico, fascinante, que la atraía inexorablemente a las redes que ese desconocido tejía a la distancia.
"Salvador,
"Eres un bandido con tu interpretación de lo que sentí a leer
'Cuñadas', pero no se aleja mucho de la realidad. Si bien no me
animé a hacer eso que dices con mi mano, sí pensé en tu relato en
la noche, cuando estaba con mi marido, y me ayudó muchísimo... no
sé si me entiendes.
"Estás muy bien encaminado con respecto a mí.
"Besos mil.
Ginna".
"Hola, querido.
"Respecto a que eres ingenuo... mmmmmmm.
"Voy a hacer de cuenta que te creo y te explicaré un poco
más.
"Cuando leía tu relato, me excité por la pasión que
demostraban las protagonistas y por unos instantes casi sucumbo a la
tentación de acariciarme para calmar esa excitación. No lo hice,
supongo que por represión, pues estaba absolutamente sola en casa.
Esa noche, en cambio, fue más fácil dejarme llevar por esa misma
tentación, ya que otras eran las manos que me acariciaban.
"Esa noche, cuando mi marido disfrutaba con mi cuerpo, mi mente
vagaba por otros rumbos, pensando en esas dos mujeres, pero también
pensando en ti, en cómo serías, en las cosas que habrías hecho en
tu vida, en cómo has hecho gozar a las mujeres que se han cruzado
en tu camino. Por eso te dije que esa noche tu relato me ayudó,
porque me ayudó a disfrutar más, a fantasear tal como tú dices
que debe ser.
"En fin... releo lo que acabo de escribir y me cuesta creer que
haya podido decir las cosas que digo. Me da vergüenza que leas
estas líneas, pero no quiero arrepentirme de enviarlas.
"Un beso muy grande.
Ginna".
Ese hombre logró envolverla de manera sutil, sin que ella se percatara de las cartas que iba poniendo en el tapete. Y sus cartas se limitaban a insinuaciones, a ideas que ponía indirectamente en su mente para que en definitiva fuera ella la que se internara en el bosque a donde la guiaban las señales que él le enviaba. Y ella se dejó llevar mansamente a lo más espeso de ese bosque, donde viviría su erotismo a plenitud.
Pero siempre parecía que era ella quien tomaba la iniciativa, la que llevaba la delantera, sin sospechar que era un peón en el juego planteado por ese desconocido.
"Hola, Querido.
"Me encantó tu cuento. Es casi una réplica de mi situación.
¿Realmente te excitaste conmigo? ¿... y te masturbaste?
"Siento deseos de poder ser más libre en mis expresiones, de
poder acompañarte con mis palabras en ese gozar que logras y me
dedicas.
"Soy de 1,69 de alto, peso 53 kilos, cabello largo, lacio y
castaño, al igual que mis ojos. "Tengo senos grandes y por
suerte muy firmes.
"Creo que estoy dándole largas y charlando innecesariamente
por temor a escribir lo que siento.
"Estoy excitada. Me gustó lo que dijiste en tu mensaje, ese en
el que enviaste el cuento.
"Me excitó que creyeras que era tu verga que atrapaba con mi
mano (huyyyy... no puedo creer que haya escrito esto, pero no lo voy
a quitar).
"Siiiii. Eso es lo que sentí yo. Que tu me penetrabas y gocé
como hacía mucho no lo hacía.
"Me gusta que me cuentes esas cosas tuyas sobre mí.
"Si bien me gustan tus relatos, me gusta cuando hablas
directamente conmigo y me dices esas cosas que siento como una
expresión de amor y deseo de tu parte. Y quiero seguir sintiéndolo
y quiero poder responderte y acompañarte en tus fantasías y que me
acompañes en las mías.
"No creas que soy una mujer de baja moral si te digo que me
calienta leer tus expresiones sobre mí. Quiero leer sobre que
harías conmigo y qué te gustaría que te hiciera, y quiero poder
decirte lo mismo, con todas las letras y con toda la excitación. Un
beso muy grande... y que sea donde tú quieras...
"Más besos... y gózame.
Ginna".
"Holaaaaa...
"¿Cómo estás? ¿Me extrañaste? creo que sí, y yo también.
Es cierto que vivo pensando en ti y en lo que hacemos. Imprimí tu
relato de Ginna y lo releí varias veces. Al final se me ocurrió
una idea perversa, que salió en una película de terror (era muy
mala y no recuerdo el nombre), pero trataba de un escritor que, a
medida que iba haciendo un guión, éste se iba cumpliendo.
"Decidí tomar tu relato como guión y lo seguí al pie de la
letra.
"Fue maravilloso... absolutamente maravilloso.
"Claro que tuve que cambiar una o dos cosas. Un punto que me vi
obligada a cambiar de tu guión es sobre el final, cuando Ginna va a
la ducha. Fui a la ducha, sí, pero no pude sólo bañarme, porque
en cuanto me toqué entre la piernas mi deseo saltó de nuevo, como
si no hubiera hecho nada unos minutos antes, frente al espejo, y
tuve que masturbarme nuevamente, acariciándome toda, pellizcando
mis pezones que estaban paraditos y durísimos de la excitación.
"Parada, recibiendo el agua sobre mi cuerpo, gocé nuevamente
pensando en tu cuento y, por qué no decirlo aunque me de un poco de
calor escribirlo, pensando también en ti...
"Quiero que me sigas escribiendo guiones, sólo para mí. Que
me digas qué hacer y yo trataré de hacerlos realidad.
"Un beso muy grande.
Ginna".
Y siguió hundiéndose en un pozo sin fin de erotismo.
"Salvador
"¿Qué te habrá pasado con esas dos mujeres, a las que
envidio?
"Necesito tus indicaciones. Quiero tu guía en este camino de
desborde que iniciaste y quise seguir.
"Quiero los detalles de lo que hiciste con esas mujeres en el
fin de semana.
"Quiero gozar contigo y que goces conmigo...
"Dame lo que quieras, pero dámelo y hazme gozar...
Ginna".
"Querido,
"Quiero que sepas que anoche, después de lo que hice en la
soledad/acompañada de mi cama, junto a ti, me puse a llorar de
felicidad.
"Me preparé para ti, pensando en tu carta y en lo que quieres
que haga, que te cuente, y traté de dar rienda suelta a todo lo que
fuese placer.
"Me bañé largamente, recibiendo el agua sobre mi cuerpo y
enjabonándome una y otra vez todo el cuerpo. Acaricié,
preparándome para luego, mis senos, mis pezones endurecidos, mi
vagina, metiendo mis dedos y excitándome para luego. Salí de la
ducha y me perfumé toda y me vestí con la más sensual de mis
ropas, tomé una copa de vino y me acosté, excitada.
"Creo que no puedo darte una idea exacta con estas palabras. En
realidad, me acosté caliente, con mi cuerpo ardiendo y reclamando
una satisfacción.
"Comencé a acariciarme los pechos, por encima de la leve tela
del deshabillé que tenía, quitándomelo a los pocos segundos
porque no aguantaba más.
"A éste, siguió el bikini y nada más se interpuso entre mi
cuerpo y mis dedos. Comencé lentamente a masturbarme y cada vez
adquiría más velocidad mi mano derecha entre mis piernas y la
izquierda, a veces en mis senos, a veces en mis nalgas. Pude dejarme
ir pensando en ti, en como sería sentirte conmigo, acariciándome,
chupándome y penetrando hasta lo más profundo de mi cuerpo.
"Tengo que ser más cruda en el lenguaje, perdóname y no te
ofendas.
"Mi concha ardía y segregaba jugos de una manera
impresionante. Más tarde tuve que cambiar las sábanas para que mi
marido no se diera cuenta, ya que quedó una mancha de mis jugos
grande como un plato en medio de la cama.
"Acabé de una manera impresionante pero no me satisfizo.
Necesitaba ser penetrada. Juro que sentí deseos de salir a la calle
y agarrar al primer hombre que pasase para que me clavara su verga,
pero eso no era en realidad lo que deseaba. Tendrías que ser tú y
no otro. Traté de encontrar otra forma de recrearte dentro de mí.
"Me levanté, desfallecida por el magnífico orgasmo que había
tenido, y caliente porque mi cuerpo reclamaba más y busqué entre
mis productos de maquillaje y encontré lo que se me había
ocurrido: un spray desodorante que tiene unos 20 centímetros de
largo y el grosor (tal vez un poco más) de un pene; tomé de la
mesa de luz de mi marido uno de los preservativos que usamos y
cubrí con él el envase, duro, frío, triste caricatura de lo que
yo quería, pero lo que yo quería estaba más allá de la
cordillera y era inalcanzable.
"De a poco lo fui calentando con mi cuerpo hasta que lo empecé
a introducir en mi concha. La humedad que tenía hizo que entrara
con facilidad y me olvidé de todo. Lo empecé a meter y sacar como
quería que tu me la metieras y comencé a pensar en ti y en lo que
te haría si estuvieras a mi lado. Sentía tu pija dentro de mí y
sentía ganas de chupártela. En un momento te juro que sentía como
si te tuviera en la boca y en la conchita a la vez. Más tarde me
reía pensando en que eso es imposible, pero en ese momento nada me
parecía mal. Te estaba gozando y acabé casi gritando (suerte que
estaba sola en casa).
"Quedé agotada tras ese impresionante orgasmo. Me bañe
nuevamente y me recosté. Pensaba en ti y en tu carta. Casi sin
darme cuenta me puse a llorar, no sé bien si por no tenerte, o
porque te perdía sin haberte alcanzado, si por el amor o por el
placer recién encontrado. Lo cierto es que tu carta me llenó de
felicidad y no sé lo que pasará.
"Creo que debemos ser realistas. No nos vamos a encontrar.
Además, como tu señalaste en algún momento, la fantasía es mejor
que la realidad. En la fantasía no nos debemos reprimir ni
condicionar; hacemos lo que queremos.
"En definitiva, tu carta me hizo feliz y contribuyó a que te
gozara más aún. Quiero seguir. Cuéntame más cosas, qué me
harías. Todo. Quiero tener tus cartas para disfrutarlas y gozar con
ellas. Dime qué debo hacer, cuándo y cómo quieres que lo haga.
Prometo cumplir todo lo que me pidas para hacerte feliz. Quiero ser
tuya y obedecerte y agasajarte en lo que quieras. Y aunque me muera
de envidia, cuéntame todos los detalles de lo que haces con otras.
"Releo lo que escribí y me asombro de las palabras, pero
¿sabes una cosa?, me excita leer como describo esto y el lenguaje
que usé.
"Besosbesosbesos, escríbeme.
Ginna".
Era una esclava de los deseos de un desconocido pero creía que era ella quien manejaba la situación, lo que le daba una seguridad que no hubiera tenido si supiera a los límites que llegaría de la mano de su desconocido amigo.
"Amor:
"Acabo de leer tu extensa carta, pero no me pareció muy larga,
hubiera querido que dijeras más y más cosas porque me encantó
todo, incluso lo que me contaste de la mujer de tu amigo. ¡Eres
terrible!
"Aquí utilizamos el término "pija". En particular
yo últimamente lo utilizo mucho pensando en ti y en tu pija, en
cómo te la chuparía, en cómo me la meterías, en cómo sería en
mis manos. Me gusta tu pija. Quiero tu verga en mi concha.
"Hice lo que pediste al final... uffff... ¿cómo me conoces
tanto?
Besos mil...
Ginna".
"Amor,
"A veces, con la cabeza fría pienso en esto que está pasando
y no puedo creer que sea real. "No te voy a decir que nunca
haya utilizado palabras como las que uso contigo, pero siempre era
en momentos muy especiales, de excitación, porque además, me
excita mucho leerlas o escucharlas. Resulta que contigo, amor, es
todo tan especial, que esos momentos de cabeza fría son muy
esporádicos, ya que vivo en un casi permanente estado de
excitación.
"Voy a tratar de describirte cómo hice realidad tu sugerencia,
frente al espejo que está en el living, uno antiguo de metro y
medio de alto por medio de ancho. Me senté en un sillón frente a
él y me empecé a acariciar con la ropa puesta. De a poco me fui
calentando, hasta que tuve que desvestirme y quedar desnuda, sentada
sobre el vestido que tenía puesto. Me acaricié los senos y el sexo
al mismo tiempo. Buscando mayor comodidad y con deseos de aumentar
el goce, apoyé los pies en el asiento, quedando con las rodillas
levantadas y mirándome en el espejo.
"No podía creer que me estuviera viendo a mí misma en esa
posición, absolutamente expuesta y con la cara de vicio que tenía.
No puedes imaginártelo, aunque creo que sí, que te lo imaginas y
te excita, ¿verdad, amor? ¿se te está parando la verga? ¿Tienes
ganas de pajearte? No lo hagas aún. Aguanta.
"Me frotaba con dos dedos el clítoris, cada vez más rápido,
y así me fui excitando y agitando hasta que acabé en un orgasmo
muy fuerte. Fue maravilloso porque en realidad, si bien no
participabas directamente, al aflojar la tensión mis pensamientos
fueron a ti, con la conciencia de que era gracias a ti que yo había
logrado ese placer.
Ginna".
Ya no pensaba en nada que no fuera en esa relación tan especial que la tenía sumida en un estado permanente de excitación, que él sabía aprovechar muy bien haciéndole vivir cada día una experiencia nueva. Era una marioneta en las hábiles manos de ese desconocido, pero ella no tenía cabal cuenta de ello.
El día en que describió su masturbación frente al espejo su excitación era tan intensa que cuando fue al baño no pudo reprimir el deseo de gozar nuevamente con su vagina, y mientras la lluvia tibia de la regadera se solazaba en su cuerpo, se masturbó nuevamente hasta que sus jugos se confundieron con el agua jabonosa que resbalaba por sus piernas.
Sentía que el escribir sobre lo que hacía en la soledad de su pieza le producía mayor placer aún, dándole un toque adicional de excitación pues recordaba esos momentos increíbles de orgasmo que le producía su propio sexo, y al detallarlos volvía a sentir un calor que le recordaba la intensidad de sus eyaculaciones previas.
Y así fue abriendo completamente su vida íntima y su corazón a un hombre que no conocía pero que sentía que había atrapado todo su ser en esta vorágine de sexo. Y él recibió su vida y su corazón y los utilizó al extremo.
Él cada vez fue pidiendo más y ella cada vez le daba más y gozaba más y detallaba más sus juegos solitarios, como aquella vez en que por primera vez usó un remedo de consolador, pensando encontrar en él la verga de su amante virtual, porque lo sentía como amante, aunque nunca la había tocado ni nunca estaría con él en la cama, gozando esas fantasías que le hacía vivir día a día por la Internet.
Su lenguaje cada vez se hacía más procaz, pero sentía que ello la excitaba más aún y era alentada por su amante a que siguiera usando las mismas palabras soeces para describir sus experiencias en solitario. Y ella sentía que ese lenguaje, que tan desagradable le fuera anteriormente, ahora le producía una enorme excitación cuando lo empleaba para detallar lo que hacía con su cuerpo.
Y aún cuando su relación con su esposo en la cama había mejorado notoriamente por el estado de excitación permanente en que vivía, producto de las experiencias en solitario con su desconocido amante, no siempre obtenía todo lo que deseaba en el lecho conyugal. La imagen de ella masturbándose en la cama, con su esposo durmiendo a su lado, fue un aporte de su inventiva personal a este intercambio de fantasías. Lo había hecho sin proponérselo, motivada por el grado de excitación que su amante lejano le había producido en una de sus cartas y que no pudo apaciguar con su marido.
"Amor,
"Esa noche vimos una película en el video y luego, al
acostarnos, él no me buscó, y eso que le insinué que estaba
dispuesta. Una vez que se durmió y sentía su respiración, tuve
que masturbarme. Quieta en la cama, boca arriba, estirada, me fui
sacando la ropa poco a poco, porque eso me daba una sensación de
peligro si él me descubría, hasta quedar desnuda. Allí comencé a
masturbarme despacio, acariciándome con una mano la raja, como tu
le dices, y con la otra las tetas.
"Ufff.
"Es tremendo como me calienta escribir esto. Me frotaba la
concha con lentitud, a pesar de las ganas que tenía de hacerlo
rápidamente, y con la otra mano bajaba a mis nalgas, separándolas
y acariciándome la cola. Esa paja siguió como quince minutos. Fue
tremendo, porque veía que empezaba a acabar y el orgasmo me venía
lento, lento, y parecía que nunca iba a llegar totalmente.
"Me encantó pajearme pensando en ti, en como nos pajeamos
mutuamente. En tal vez si tu estuvieses en ese momento pajeándote
pensando en mí o acostado con otra mujer, cogiéndola como yo
quisiera que me lo hicieras a mí.
"Acabé finalmente y quedé agotada. Me volví a vestir como a
la media hora, porque me quería quedar con la sensación de estar
desnuda para ti y que me acariciabas después de habernos cogido...
"Por favor, dime qué quieres saber y dime también qué
quieres que haga. Quiero que me digas cosas que deseas que yo haga y
yo las haré para ti, así me disfrutas más y más... Besos y más
besos y ¡¡¡cómo necesito que me chupes la concha!!! Mi amor, mi
amante"
Ginna".
Así las cosas, hace su aparición Miki, que tendría un papel preponderantemente activo en esta extraña relación.
Miki, la hermosa amiga que ingenuamente se prestó al juego de las cartas y que terminó acostada con Ginna por instrucciones de ese misterioso hombre que a esas alturas era amante de ambas, aunque ninguna de ellas había sentido sus manos en su cuerpo ni besado sus labios ni escuchado sus palabras ni mirado a los ojos.
Y cuando Ginna tomó conciencia de los extremos a los que había llegado por instigación de ese Yago moderno, estaba entre las piernas de su amiga besándole el sexo en tanto ella hacía lo mismo con el suyo. Y ya no había paso atrás.