Los días siguientes a la "violación" de mi madre pasaron sin novedades, exceptuando mis encuentros con mis hermanas, a las que tenía completamente satisfechas. Respecto a Claudina, no me atreví a incursionar con ella por temor a ser sorprendido por mi madre nuevamente.
El sábado en la tarde mi madre me dijo que quería conversar conmigo y me llevó a la terraza de la casa, donde se sentó frente a mí.
—Tus hermanas no están y no vuelven hasta mañana. Las envié donde tus abuelos porque deseaba tener esta conversación a solas contigo...
Y empezó a decirme lo malo que había sido mi comportamiento la noche esa y que lo que yo había hecho no tenía nombre pues me había aprovechado de mi propia madre, que era antinatural y que lo sucedido nunca podría saberlo nadie, pues entonces el nombre de ella quedaría manchado ya que lo que le había hecho a ella era una degeneración, pues no podía ser que un hijo violara a su madre.
Mientras esto me decía con gesto duro en su rostro, sus piernas se fueron abriendo poco a poco. Después agregó que ella hacía mucho tiempo que estaba sola, y que desde que nuestro padre la abandonara ella nunca había vuelto a estar con otro hombre y por eso se había dejado llevar por lo sucedido en su cama.
—Pero esto lo comprenderás, ya que eres todo un hombre, como me di cuenta en mi cama... —agregó en tono de complicidad y abrió más aún sus piernas mostrándome sus muslos cubiertos con medias negras y al fondo su sexo, ya que estaba sin calzones.
—¿Qué deseas que haga? —le pregunté sin apartar mi vista de su sexo, cuyos labios se asomaban hinchados.
—Te dije que tus hermanas no vuelven hasta mañana... ¿no te queda claro? —y dejó sus piernas abiertas de par en par acercándose a mí para mostrarme su sexo desnudo.
¡Conque esa era su verdadera intención! Mi madre quería pasar una noche de sexo total conmigo. Finalmente se había soltado y daría rienda suelta a sus deseos insatisfechos.
—Entonces... ¿esta noche la pasaremos juntos?
—Sí, siempre y cuando hagas todo lo que te pida y me hagas gozar tanto como la otra noche.
—Todo lo que me pidas, mami.
—No, llámame Soledad.
—¿Por qué?
—Porque deseo que me trates como a cualquier otra mujer, como a Claudina, por ejemplo.
—¿Nos viste? —quería oírla confesar que me había visto metérselo a Claudina mientras ella nos espiaba.
—No sólo los vi... sino que me masturbé viendo tu instrumento.
—¿Era primera vez que me lo veías?
—No, ya lo había visto un par de veces antes... como cuando Natalie te lo chupó.
Me quede atónito y no supe qué responder, pues yo esperaba otra respuesta, como que me había visto masturbarme en el baño... Me quedé mudo.
—Esa fue la primera vez que me masturbé viendo tu palo.
—¿No te molesta que lo haya hecho con Natalie?
—Bueno, estamos solas y no hay hombres por acá. Por otra parte... contigo hay la seguridad de que no hablarás...
Esta última frase me dejó intrigado por las implicancias que tenía, pero me limité a responder:
—Sí...
—Vamos a la cocina... para que me hagas lo mismo que le hiciste a Claudina.
Entramos a la cocina y ella se fue a la mesita donde antes había empalado a Claudina; se puso encima de manera que dejó su culo expuesto a mi vista, me saqué la verga y la llevé a la entrada de su gruta, pero ella se me adelantó y tomándola la metió mientras me decia:
—Hazme gozar mucho...
Empecé a meter y sacar mi palo de manera que en cada metida sentía sus nalgas apretarse a mi estómago mientras me aferraba a sus caderas. Al cabo de un rato acabo dando grititos ahogados:
—¡¡¡Rrrriiiccoooo, rrriiicccoo!!!
Continué mi movimiento de entrada y salida mientras disfrutaba del espectáculo de sus nalgas blancas moviéndose con desesperación. Logró su segundo orgasmo en medio de gritos de:
—¡¡¡Rrrriiiccooo, m'hijito rriiiccoooo!!!
Iba a continuar metiéndosela cuando ella se levantó, me tomó de la verga y me dice:
—Ahora... como lo hiciste con ella...
Me hizo sentar y se subió sobre mí levantando sus nalgas, las que tomé entre mis manos dejándolas suspendidas en el aire.
—¡Trágatelo todo, Soledad! —le dije mientras la soltaba de manera que cayó sobre mí hundiéndose mi herramienta completamente.
Ella acabó de inmediato y se abrazo a mí besándome en el cuello. Entonces apreté sus nalgas y empecé a moverla de abajo hacia arriba, en movimientos rápidos, mientras ella se apoyaba en mi cuello y cubierta de sudor y con los ojos cerrados repetía:
—¡¡¡Coooosiiitaaa rriiiccaaaa, maaass, maaass, maaass!!! —mientras acompañaba desesperadamente mis movimientos.
De pronto aumentó más aún su ritmo para luego enderezarse y acabar nuevamente en medio de gritos cada vez mas fuertes:
—¡¡¡Coooosssaaa rriiicccaaa, m'hijito, coooosssaaaa rrriicccaaaa!!!
—¿Quieres más? pregunto como si hubiera necesidad de ello.
—¡Más!... ¡¡¡mucho más!!! —me responde feliz y yo reinicio mi movimiento mientras ella se abre la blusa y pone frente a mi su hermoso par de senos a los que me pego de inmediato chupándolos alternadamente, lo que le produce un nuevo clímax entre gritos de:
—¡¡¡Qué rrriiiccoo eres... qué rriiiccooo eres!!!
Cuando se ha repuesto de este nuevo orgasmo me levanto sin sacarle mi verga de su interior y empiezo a bombearla en el aire, mientras ella pone sus pies a mis costados.
—A la pared... ponme contra la pared... —me dice con desesperación y yo obedezco quedando en una posición mucho más cómoda, ya que ahora ella se apoya contra el muro mientras sigo hundiéndole mi herramienta y la mantengo en el aire tomado de sus nalgas—. ¡¡¡Ayyyy, m'hijito... eres lo máximo!!! —dice loca de excitación y se aferra a mi cuello mordiéndolo—. ¡¡Qué rriiiccooo, m'hijito, qué riiicccoo!! —repite mientas sus movimientos se vuelven incontrolables regalándome nuevamente con sus jugos mientras repite—: ¡¡qué cosa más rica... qué cosa más rica!!
—¡¡¡Ahora me toca a mííííí!!!... —grito mientras la lleno con mis jugos en tal cantidad que ella logra un nuevo clímax al sentirse inundada.
Quedamos abrazados, bañados en sudor, respirando entrecortadamente y yo con mi verga aún en el interior de la gruta de mi madre, perdón, de Soledad.
—¿Te gusto? —me pregunta mimosa.
—Tengo aún mucho para darte... —le respondo, lo que la llena de alegría.
—¿Cierto? —dice y baja su mano para sacar mi palo y mostrarlo a la luz—. Tienes un instrumento realmente grande —me dice mientras lo masajea—. ¿Quieres hacerme la paja como la otra noche? —ella me mira y comprende.
—Bueno... supe siempre que no tenías fiebre —me dice sonriendo.
—Bandida, jugaste conmigo...
—Supe en todo momento que terminarías en mi cama.
—¿Y estás arrepentida?
—En absoluto, pero ahora te quiero para mí sola... no quiero compartirte con nadie.
Mientras decía esto me pasaba el cuero de mi pene de arriba abajo, en movimientos que me hacían estirarme de gusto.
—¡Mmm... sííííí —le respondí y ella me replicó:
—Ni con Natalie ni con ninguna de tus hermanas...
Y aumentó el movimiento de su mano mientras yo me echaba hacia atrás a la espera de la esperma que venía en camino. Entonces ella añadió
—Sí, porque sé que te acuestas con todas ellas... —y se metió mi verga a la boca empezando a chupar desesperadamente hasta que la inundé de semen, el que se tragó tan rápido como iba saliendo.
Cuando logré recuperarme nos sentamos a tomar el té para reponernos, yo sin atreverme a darme por enterado de sus últimas palabras. Pero ella retomó la conversación diciéndome que siendo la dueña de casa se supone que está al tanto de todo lo que sucede, pero me dijo que no me preocupara, ya que si no era conmigo, mis hermanas probablemente se habrían metido con algún trabajador del lugar y eso era mucho más peligroso para ellas y para su reputación. Pero esa situación debíamos normalizarla, ya que no veía cómo yo iba a dar gusto a cinco mujeres.
—Seis, si consideramos a Claudina —agregó entre risas.
Y yo pensaba para mí que la cuenta subía a siete, si incluíamos a mi tía Clara.
Discutimos un rato respecto de mi relación con mis hermanas, teniendo presente en todo momento que ella y yo seguiríamos juntos. Al fin concluimos que yo podría seguir dándole gusto a mis hermanas, pero debía preferentemente atenderla a ella las veces que me lo pidiera.
—Encantado, Soledad, pues tú eres la que más deseo de todas... pero a mis hermanas no puedo negarme de pronto sin una razón justificada —le dije sinceramente.
Ella pareció conforme y me propuso que después de cenar nos fuéramos a su dormitorio a pasar toda la noche juntos...