Diario íntimo (V) :: Claudina

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Claudina era una muchacha que ayudaba en las labores de la casa. Era la típica niña de pueblo de pelo negro, piel tostada por el sol, bajita y robusta. En ella llamaban la atención sus caderas gruesas y un culo fuera de serie. Era de piernas delgadas aunque de muslos robustos. Además era muy agraciada y siempre andaba con la sonrisa en los labios, como si la vida fuera para ella una permanente diversión.

Me había levantado tarde y bajé a desayunar a la cocina, donde estaba Claudina sola preparando el almuerzo.

—¿No hay nadie? —pregunté entre bostezos y ella respondió:

—Y yo... ¿acaso estoy pintada?

—Me refiero a mi madre o mis hermanas —repliqué.

—Todas andan recogiendo papas en el huerto —respondió mientras me servía el desayuno y agregó con un dejo picaresco—: se van a demorar bastante...

Me pregunté si habría escuchado mal o Claudina me había dicho esto último con segunda intención. Bueno, me dije, veamos que pasa con esta morenaza.

Una vez desayunado me levanté e hice como que tenía que hacer algo de manera que debía pasar por detrás de ella, que estaba agachada sobre una mesita. En ese momento le digo:

—Permiso...

Me aferré a su cintura y pasé poniendo mi instrumento en medio de sus nalgas, que por la posición que tenían invitaban a que le pusieran algo entre ambas.

—Suyo... —me dijo ella con cierta picardía y yo no me hice repetir la invitación.

Volviendo sobre mis pasos la tomé nuevamente de la cintura y me apreté a su trasero.

—¿Mío?... —pregunté y ella se hecho a reír, pero no hizo nada para salir de la posición en que estaba.

Le levanté la falda y puse mi bulto sobre sus calzones que, como eran pequeños, nada tapaban.

—No juegue con fuego... —me dijo sonriendo.

—Me encanta el fuego... —respondí sacando mi verga y empecé a refregársela entre las nalgas.

—¿Por qué hace eso?

—Porque me tienes caliente...

—¿y si se llega a saber?

—Sólo si tú lo cuentas, m'hijita...

Le bajé los calzones mientras la empujaba sobre la mesita en que estaba trabajando y le metí toda mi herramienta por detrás, la que recibió en silencio y pienso que muy a gusto. Empezó a moverse con un ritmo que me enloqueció, ya que movía sus pies de manera que primero subía uno y después el otro, con lo cual los labios de su sexo se movían de arriba hacia abajo produciendo un roce exquisito por los costados de mi verga. Era tan rica la sensación que me producía el movimiento de las nalgas de Claudina que le dejé enterrada mi herramienta mientras me aferraba a sus senos y permití que ella hiciera todo el esfuerzo mientras yo me dedicaba a gozar de su forma de hacer el sexo.

Estaba con la verga hundida en el interior de Claudina, sobando sus senos, cuando veo en el vidrio de la ventana reflejada la imagen de mi madre que miraba toda la escena desde la ventana posterior. Me quedé paralizado pues mi madre me había sorprendido mientras ensartaba a la chica y esto iba a ser un lío tremendo. Tomé a la muchacha para separarla de mí y esperar lo que se me vendría encima, pero me fijé más y vi que mi madre miraba semi escondida, como queriendo ocultarse para que no la vieran. Esto me dio confianza y me quedé en la posición en que estaba, sin soltar a la muchacha, y de a poco reanudé mis movimientos excitándome cada vez más con el hecho de saberme observado. Entonces pensé que se me estaba dando una buena ocasión para acelerar mis planes con mi madre.

Saqué mi verga del interior de la muchacha, me senté en la mesita y pedí a Claudina que se montara encima, sentada sobre mi herramienta. Cuando hicimos todo este movimiento mi madre se escondió para no ser sorprendida, pero al cabo de un rato volvió a asomarse y en ese momento tomé las nalgas de Claudina y las subí de manera que mi verga quedara totalmente expuesta, solamente con la cabeza apoyada en la raja de la chica. Como la muchacha no era pesada, no fue problema para mí tomar sus nalgas entre mis manos y la mantuve en el aire de manera que mi madre tuviera una visión completa del culo de Claudina suspendido sobre mi verga y ésta completamente parada, roja de la sangre que bullía en las venas que sobresalían por sus costados, apuntando directamente al sexo de la morena que pronto se lo tragaría.

La sostuve un rato de esa manera para que mi madre pudiera apreciar el grosor y porte de mi herramienta, y tomando los cachetes del culo de Claudina la dejé caer en mi palo de manera que se viera cómo la muchacha se tragaba todo el pedazo de carne que recién había estado expuesta y empecé a subirla y bajarla, siempre tomado de sus nalgas, pero despacio. Lo hacía lentamente... arriba... abajo, de manera que mi madre tuviera una visión completa de mi herramienta y de cómo se iba introduciendo en el interior de Claudina.

Por entre el pelo de la muchacha, que cubría mi rostro, no perdía detalle de mi madre, la que se estaba masturbando desesperadamente, semiagachada y con una mano metida en su vestido. Verla cómo observaba me excitaba sobremanera, pero verla masturbándose fue más de lo que podía aguantar y me derramé dentro de Claudina mientras ésta me regalaba sus jugos.

Me dio la impresión de que los tres acabamos juntos, pues mi madre se encogió y desapareció para no volver.

Dejé a la muchacha con deseos de seguir nuestro juego, pero yo me había cansado de ella, pues toda mi atención estaba centrada en la observadora que tuvimos y pensaba en la forma que podría hacer para capitalizar lo ganado en esta experiencia.

Continúa...