Diario íntimo (II) :: Natalie

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Continuando con las "memorias" de mi tío Mauricio, ahora le toca el turno a la hermana mayor. Natalie... mi madre.

Después de leer estas páginas no puedo evitar confesar que ahora la veo con otros ojos y que sus evidentes encantos físicos empezaron a despertar en mí apetitos inconfesados, moviéndome a fantasías sexuales en que todo está permitido entre los dos, aunque nunca imaginé que todo se haría realidad a raíz de la conjunción de tres factores: el trabajo de mi padre, los deseos insatisfechos de mi madre y una resaca mía después de una noche de juergas con los amigos... Pero eso es otra historia, que he titulado "iniciándose con mami".

Volviendo a las hojas de mi tío:


En los días siguientes mi actividad sexual con Sofía y Catalina me mantuvo muy ocupado, pero logré satisfacer a ambas plenamente, ya que mi despertar sexual había sido tan imprevisto que sólo podía pensar en coger, pues no veía nada más interesante en la vida que el sexo. Y lo tenía con dos hembras como mis hermanas que no se satisfacían fácilmente, las cuales también vivían tan intensamente como yo el frenesí sexual en que nos habíamos sumergido. Pero mi necesidad sexual era mayor a las posibilidades que me brindaban mis dos hermanas y pronto empecé a imaginar la forma de obtener los favores de Natalie y, por qué no, de Ivonne, mis otras dos hermanas. Con la mayor creía que no podría haber problema, ya que tenía veinte años, pero Ivonne tenía solamente dieciséis, aunque su cuerpo poseía formas que no le envidiaban nada a sus hermanas mayores.

Me imaginaba que mi estrategia debía ser diferente en cada caso, ya que creía que con Natalie bastaría con demostrarle de alguna forma que ya era un hombre, pero con Ivonne la cosa era diferente, pues me la imaginaba sin experiencia e inocente en estas lides, por lo que decidí dejar a esta de lado por mientras y empezar con mi hermana mayor. Y no perdí oportunidad en insinuarme a Natalie para que se diera cuenta que ya era todo un hombre, como cuando estaba en el patio tendiendo ropa y yo pasaba por detrás y me apretaba a ella insinuando mi herramienta sobre su culo grande y redondo. Ella parecía no darse cuenta, pero un día la sorprendí mirando mi bulto que sobresalía del pantalón, lo que me excitó inmediatamente y tuve una erección que no pudo pasarle desapercibida, ya que apartó bruscamente la vista, sonrojándose.

En otra ocasión en que estaba sentada en la escalera de entrada a la casa, yo descaradamente me puse a espiarle las piernas, de manera que se diera cuenta de lo que estaba haciendo. Efectivamente, mi hermana mayor se percató de que andaba en malos pasos, pero no hizo nada para cerrar sus piernas y, en cambio, me dio durante un largo rato la visión de sus muslos abiertos hasta mostrar sus calzones negros. Yo me encontraba semi tapado por unas matas del patio, y mientras gozaba con la entrepierna de Natalie saqué mi herramienta y empecé a masajearme, no tanto para satisfacerme como para darle a ella el espectáculo de ver a su hermano menor pajearse mientras le veía los muslos.

Al cabo de un rato ella se paró y entró a la casa, como si no se hubiera dado cuenta de lo sucedido, cosa que yo sabía que no era así. Estaba convencido de que el camino estaba pavimentado para mis planes, pero todo lo que tuviera que suceder debía ser por iniciativa de ella, pues no podía olvidar que si me precipitaba y si mis presunciones eran equivocadas, el escándalo sería mayúsculo.

Esa misma tarde estábamos Natalie, Sofía y yo recostados en la cama del dormitorio de nuestros padres, intentando hacer la siesta. Yo me quedé dormido, al igual que Natalie, pero Sofía no pudo hacerlo y al cabo de unos momentos se levantó y salió. Cuando quedamos solos, nos acomodamos para dormir mejor. Pasado un rato sentí que Natalie se encogía para dormir mejor, quedando su trasero apretándose a mi entrepierna, lo que me produjo una excitación inmediata. Y como los dos estábamos tapados, intenté disimuladamente acercarme a ella y apretarme a su culo, de manera que pareciera casual. Finalmente lo logré y puse el bulto que tenía por delante contra el culo de mi hermana, por encima de su vestido, la que no hizo nada que me hiciera pensar que se había dado cuenta y sólo sentí su respiración tranquila que denotaba que se encontraba aún dormida.

Entonces me saqué la verga y la puse entre sus nalgas, para sentir sobre ella el roce del vestido que cubría esa parte tan exquisita de su cuerpo. Me apreté a mi hermana muy suave y lentamente para no alterar su sueño. En un momento determinado Natalie se removió, suspiró, volvió a acomodarse y quedó nuevamente quieta. Me quedé helado, pues en un principio parecía que había despertado y no podía imaginarme la escenita si ella se encontraba con mi verga desnuda. Esperé un momento y cuando estuve seguro de que estaba completamente dormida lleve mi mano a su culo para acariciar su piel con mis dedos, aunque fuera por sobre la tela de su vestido y ¡oh, sorpresa!, me encontré con que se le había subido la falda y mi mano se encontró con su trasero cubierto solamente por un bikini diminuto que se le hundía en la raja. Sin pensarlo dos veces llevé mi verga al lugar que ocupaba el bikini y lo puse de manera de sentir la piel de las nalgas de mi hermana rozando mi palo.

Estaba feliz gozando el roce de la piel del culo de Natalie, cuando ella se movió, echó su mano para atrás y se apoderó de mi herramienta, la que puso en su raja mientras que con la otra mano hacía a un lado el bikini. Con mi verga en su gruta, Natalie empujó su culo hacia atrás y se clavó todo mi palo dentro de ella, comenzando un movimiento suave de atrás hacia adelante tan lento que si alguien hubiera entrado al dormitorio en ese momento no se habría dado cuenta de lo que estábamos haciendo. Pero yo no aguanté más y me aferré a sus senos, los que apreté mientras comenzaba a hundirle mi espada en su grieta en forma violenta hasta alcanzar un orgasmo estupendo que la inundó de semen, acabando en silencio, sin emitir ningún ruido, ninguna exclamación.

Acomodó su calzón, se bajó la falda y antes de levantarse me dijo:

—Te espero en el granero, ¿te atreves?

—Sí —respondí de inmediato seguro de que le daría todo lo que ella me pidiera.

Entonces se levantó y salió apresuradamente.

Al cabo de diez minutos, y después de dar un largo rodeo para evitar ser visto, llegué al granero, que se encontraba bien distante de la casa y en un lugar abandonado, por lo que daba bastante seguridad. Entré y escuché la voz de Natalie llamándome quedamente, encontrándola al fondo sobre un lecho de paja... con las piernas abiertas.

Me coloqué a su lado esperando que ella diera inicio a las acciones. Mi hermana se subió sobre mí, abrió mi pantalón sacando mi verga a la luz y se sentó sobre ella. Ahí comprendí que se había sacado previamente los calzones pues mi palo se enterró en su grieta de amor de inmediato y hasta el fondo. Se quedó un rato quieta, con mi verga enterrada completamente dentro, como gozando el momento. Momentos después empezó a moverse de arriba hacia abajo, lentamente, sin mirarme, con los ojos cerrados y sus manos a un costado. Aproveché para subirle la falda y poder ver sus muslos en toda su extensión, ya que sus piernas estaban encogidas, una a cada lado de mi cuerpo y entre ambas vislumbré su mata de pelo, abundante y ensortijado, la que era atravesada por mi verga para hundirse en su grutita. Me atreví a tomar su trasero y puse mis manos en sus nalgas, las que quedaron completamente a mi disposición.

Al cabo de un rato Natalie acabó suavemente, como disfrutando cada gota de sus jugos vaginales que caían por los costados de mi verga. Entonces abrió sus ojos e intentó bajarse, pero apreté mis manos sobre su culo y empecé a moverme mientras me ayudaba con las manos, subiendo y bajando a mi hermana sobre mi herramienta. Se mostró gratamente sorprendida y, fijando su vista en mí con una mirada llena de deseo mientras su frente se perlaba de transpiración, se dedico con todas sus ganas a acompañarme en el movimiento iniciado, de tal manera que a ratos me era difícil mantener mi mano sobre su culo, ya que su ritmo era frenético. Y nuevamente le llegó el orgasmo, aunque esta vez apretó los dientes y emitió unos quejidos apagados, que sonaban como:

—Hmmmmmmm, huuuuyyyyyyyyy, hmmmmm...

Viendo que ahora la dirección de la acción había pasado de ella a mí, en cuanto vi que se había repuesto de esta segunda venida tomé su cabeza y la acerque a mí besándola mientras empezaba nuevamente a moverme y llevaba mi mano libre hasta tocar su culo, muy cerca de su hoyo trasero. Y empecé a empujar a mi hermana fuertemente mientras continuaba besándola y le preguntaba:

—¿Te gusta?" —a lo que ella respondía con un:

—¡¡¡Siiiiiiii!!! —que denotaba el gusto que le estaba proporcionando.

—Te voy a hacer acabar otra vez... —le dije mientras daba más fuerza a mis embestidas sobre ella, a lo que se limitó a responder con un:

—¡¡¡Yyaaaaaaaaaaa!!! —mientras comenzaba a secundarme en los movimientos, para lo cual debía parar su culo en cada subida y bajada ya que aún la mantenía sujeta a mí besándonos con desesperación y lujuria.

En un momento dado sacó su lengua y la metió en mi boca, lo que me produjo un goce aún mayor, lo que hizo que me llegara el orgasmo antes de lo que hubiera querido, pero junto al tercer clímax de Natalie, la que se apretó a mí hundiendo su boca en la mía y removiendo su lengua desesperadamente mientras daba grititos de gozo que aumentó el flujo de mi eyaculación.

Nos quedamos abrazados, respirando agitadamente mientras intentábamos reponernos de esta tan exquisita experiencia. Sabía que Natalie debía estar muy conforme con lo que le había dado, ya que logró acabar tres veces.

Aunque las veces anteriores Sofía y Catalina lograron acabar cuatro veces, esta vez la experiencia de Natalie, la libertad con que lo habíamos hecho y los conocimientos adquiridos por mí en mis anteriores encuentros, habían conspirado para que acabara antes, pero había quedado mucho más feliz, tal vez por el hecho de que yo busqué a Natalie y no había sido un encuentro tan sorpresivo como los anteriores.

Al cabo de un rato Natalie llevó su mano a mi instrumento y empezó a masajearlo para obtener una nueva erección, cosa que logró en breves instantes. Entonces se puso de espaldas y me dijo:

—Hagámoslo nuevamente, ¿quieres?

Comprendí de inmediato que el que mandaba ahora era yo, pues me estaba pidiendo algo que ella quería, que necesitaba, que le daría placer. Y muy bien sabía que el placer que le daba era grande, si consideramos su comportamiento reciente. Por lo tanto, si yo era el que mandaba, las cosas de aquí en adelante se harían a mi gusto y eso me permitiría probar todas las posibilidades que el sexo me ofrecía y que hasta ahora sólo estaban en mi imaginación. Si ella quería más de lo mismo, debería amoldarse a la forma en que yo quisiera se hicieran las cosas.

—¡Abre las piernas y levántalas! —le dije en tono perentorio, más como una orden que como una petición.

Ella obedeció de inmediato pensando solamente en el goce que volvería a tener. Entonces me situé sobre ella, puse mi herramienta en su ranura y empujé violentamente.

—¡Levanta las piernas y ponlas sobre mi espalda! —ordené mientras le hundía la verga hasta el fondo.

Mi hermana se abrazó a mí, subió sus piernas sobre mi espalda y me apretó como para atraerme más aún a su interior. Con una mano le abrí la blusa y dejé expuestos sus senos, que se mostraron blancos, duros, parados y llenos. Ella dio vuelta a la cara como con timidez. Entonces me prendí a uno de sus senos y empecé a chuparlo suavemente, poniendo todo mi esfuerzo sobre el pezón, para luego pasar al otro y así me entretuve, mordiéndolos alternativamente, suavemente y estirándolos con los labios apretados.

Al cabo de un rato Natalie puso sus manos tras mi cabeza y la hundió sobre su pecho pidiendo:

—¡Más... más! —yo me dediqué a apretar sus senos con mis labios en forma desesperada mientras ella repetía—: ¡más!... ¡chupa más! —mientras me dedicaba otro clímax en medio de grititos de placer.

Continué moviéndome sobre ella, chupando sus senos, mientras Natalie se revolvía de placer bajo mi cuerpo logrando acabar nuevamente, pero esta vez no tan callada como las anteriores, pues empezó a decirme con los labios pegados a mis oídos:

—M'hijito rico, estás rico, estás rico... ¡rica tu verga, m'hijito rico! —sentí que sus palabras me excitaban y le di una acabada de proporciones, llenando su gruta de semen mientras ella volvía a acabar, aferrada a mí y con el cuerpo suspendido mientras seguía diciéndome al oído—: ¡¡¡rrriiicooo, riiicooo, m'hijito, riiiicooo!!!

Después de un largo rato para recuperarnos, nos separamos, no sin antes ponernos de acuerdo para volver a encontrarnos al día siguiente en el mismo lugar, cosa que Natalie me propuso con tanto entusiasmo que comprendí que la había satisfecho por completo. Yo, por mi parte, había encontrado una pareja adecuada para llevar adelante mis fantasías, lo que me tenía en un estado de euforia por las posibilidades que veía.


El "encuentro" de mi tío con mi madre tiene una segunda parte que, cuando la lean, comprenderán la razón por la cual entre ella y yo tenemos actualmente una "relación" tan especial.

Continúa...