La voz de mi madre sonó imperiosa, instándome a bajar del tren, donde me había entretenido conversando con unas muchachas y despreocupándome de las maletas que ella me había encargado:
—¡Apresúrate!...
El día anterior me urgió a que la acompañara a regularizar una propiedad y no quería viajar sola.
—Serán solamente dos días, hijito... —me dijo con mirada tierna, a la que no pude resistirme, por lo que ahora me encontraba en otra ciudad, sin ningún otro panorama que aburrirme acompañando a mi madre durante dos días haciendo trámites en oficinas fiscales.
Nos dirigimos a un hotel barato pero elegante, donde mi madre pidió una pieza con dos camas, pues deseaba ahorrar dinero en ese viaje, según me dijo.
Salimos a cenar a un restauran cercano al hotel, donde mi madre, que andaba particularmente hermosa enfundada en un vestido ajustado que hacía resaltar su figura, pidió una botella de vino, que nos servimos en un ambiente de bromas y recuerdos. Debido a mi poca costumbre, el par de copas que mi madre me sirvió me pusieron alegre y bromee con ella respecto de lo hermosa que lucía y de lo atrevido del escote de su vestido y las piernas que su corta falda dejaba ver. Ella, por su parte, me miraba y sonreía divertida.
Ya en el hotel nos dispusimos a acostarnos. Mi madre salió del baño vestida con una enagua de seda blanca, que hacía lucir sus formas con cada movimiento, dirigiéndose a su cama seguida por mis miradas que la comían.
—Ufff, ¡qué frío! —dijo al tiempo que se acurrucaba en su cama—. ¿Por qué no dormimos juntos, mijito?
Acepté encantado y me metí a su lado, abrazándola bajo las sábanas y acurrucándome a su lado, como hiciera la vez anterior en que mis intentos de tocar sus partes íntimas quedaron frustrados.
—¿Estás caliente, mi amor? —dijo mi madre en tono meloso y apretó su cuerpo al mío, con lo que su trasero se acercó peligrosamente a mi entrepierna—. Voy a dormir como tronco esta noche, cariño —agregó en el mismo tono, mientras con un movimiento de su cuerpo sus nalgas apretaron mi ingle.
Mi brazo quedó colgando a un lado de su cintura, en tanto mi pecho se apegaba a su espalda, en una posición similar a aquella que vivimos la última vez que dormimos juntos.
El vino aceleró la sangre en mis venas y muy pronto mi verga respondió a la cercanía de su trasero, acercándose peligrosamente a sus redondeces, en tanto que mi mano se acercaba sigilosamente a su entrepierna.
La situación era tan semejante a la vivida anteriormente que me sentí envalentonado como para llevar mi mano hasta su calzón, el que no pude alcanzar por la misma razón que en aquella oportunidad. Solamente uno de mis dedos logró alcanzar la seda de la enagua, que tocaron con suavidad.
Ella se acomodó y en su movimiento la pierna encogida se estiró paralela a la otra, con lo que mi mano podía llegar sin problemas a la zona deseada. Puse la palma de mi mano sobre el calzón y con ella cubrí todo el paquete que formaba su vulva y sus bellos púbicos, produciéndome una sensación erótica increíble, al punto que mi verga se pegó más aún a su trasero.
Lentamente, suavemente, con mi mano libre subí la enagua de mi madre hasta dejar frente a mí solamente su calzón, que se hundía entre las redondeces de sus nalgas. Mi otra mano tomaba su calzón por la parte delantera y lo hacía a un lado lentamente, con la intención de tocar su vulva.
No sin cierta dificultad logré hacer a un lado un costado del calzón y uno de mis dedos se introdujo entre los pelos de su vulva hasta alcanzar la entrada de su gruta, en tanto mi pene aumentaba la presión trasera
Colé uno de mis dedos para acariciar sus pendejos y su vulva. La sensación era increíble: tenía mi mano bajo el calzón de mi madre, recorriendo sus partes íntimas, en tanto que mi verga se apoyaba en su parte posterior.
Empujé suavemente a mi madre de manera que sus nalgas quedaran más expuestas, pero ella se revolvió y sentí el pavor de ser sorprendido en plena faena incestuosa.
Pero mi madre, en lugar de darse vuelta como la vez anterior y de esa manera terminar con mis incursiones nocturnas, ahora se limitó a quedar en la misma posición en que estaba pero bajando la pierna de manera que sus nalgas quedaron completamente expuestas a mi exploración.
Lentamente tomé su calzón y empecé a bajarlo, con todo el cuidado posible. Bajaba un poco y me detenía, para evitar turbar su sueño con mis movimientos. Aunque ella había advertido que dormiría como tronco, temía que mis movimientos fueran muy bruscos y se frustraran mis planes de aprovecharme de ella mientras dormía. Pasaron algunos minutos, al cabo de los cuales sus calzones habían bajado solamente a la altura de sus nalgas, que me impedían continuar. Estaba por desistir de la tarea, pero hice un último intento y me encontré con la sorpresa de que mi madre había levantado la cintura, con lo que su prenda bajó sin problemas.
¿Cómo había sido eso?
Comprendí en ese instante que mi madre no estaba durmiendo y que secundaba mis intentos, pero sin parecer que estuviera conciente de ello. Bueno, pensé, si las cosas se están dando así, sigámosle el juego y veamos hasta dónde llegamos.
Terminé de bajar sus calzones y puse mi instrumento entre sus nalgas para meterlo a "lo perrito", pero acostados.
Metí un dedo entre sus piernas para levantar una de ellas y así facilitar la introducción, lo que resultó fácil pues ella levantó su pierna como en respuesta a mi presión, dando a entender que era yo quien hacia todo el trabajo y el suyo un cuerpo inerte que podía manejar a mi antojo, cuando en verdad no habría podido levantar ni un centímetro de su pierna si hubiera estado realmente dormida.
Y así, ambos acostados, yo casi encima de ella, puse mi verga a la entrada de su vulva y empecé a empujar suavemente, pero la posición no permitía que entrara más.
Lentamente la giré y poniéndola de espalda. Con una de mis manos abrí suavemente sus piernas y una vez que ella estaba en posición de entrega, me puse entre ellas y mi herramienta quedó colocada a la entrada de su gruta.
Mi madre aparentaba dormir, en tanto mi verga empezó a presionar en su túnel para entrar, pero suavemente, como no queriendo despertarla, siguiendo su juego.
En ese momento en que yo me encontraba sobre ella, con mi instrumento en la entrada de su vulva presionando para que entrara, ella abrió los ojos como si despertara de un sueño profundo y se mostró sorprendida de lo que estaba sucediendo.
En ese momento no supe cómo reaccionar y mi primer impulso fue retirarme, pero ella con los ojos abiertos de asombro empezó a mover lentamente su pelvis, de manera que su vulva se paseaba la punta de mi verga entre los labios vaginales.
—¿Qué haces? —dijo con voz suave mientras su vulva insinuaba acercamientos a mi verga, como queriendo metérsela—. No, no, no, cariño... —pero sus movimientos cada vez eran mas insinuantes—. No, no... no lo hagas, por favor...
Sabedor de su juego, le metí la punta de mi vega, lo que fue para ella como un golpe de electricidad.
—¿Qué haces, cariño?
—Te voy a culear... —dije mientras mi instrumento penetraba lentamente su cueva de amor, lubricada por sus jugos previos.
—No... no lo hagas, cariño... —pero adelantó su pelvis de manera que mi verga quedo clavada hasta la mitad en su interior—. ¿Qué haces? No, no... por favor...
Y mientras ella adelantaba su pelvis yo empujaba mi instrumento hasta que quedó completamente hundido en su vulva. Ello fue demasiado para ella, que empezó a moverse con desesperación.
—No, no, no... ¡mijitooooooo!
Se aferró a mí secundando mis movimientos, mientras continuaba con sus grititos de protesta, que se mezclaban con los de gozo por sentir una verga en su interior.
—No, no, ¡mijitoooooo, no! —levantó sus piernas al aire haciendo espacio para que mi trozo de carne se hundiera más aún en su interior—. ¡Nooooo, ahhhhh!
Me tomé de sus piernas que seguían al aire e imprimí fuerza a mis arremetidas, haciendo esfuerzos para retrasar el clímax.
—¡Ahhhhh... ricoooooo! —al fin había roto las ligaduras y ahora se entregaba libremente a la cópula incestuosa—. Mijito... ¡es ricoooo, ricooooo! ¡¡¡Maaaaas, maaaaas!!!
Sus movimientos se trocaron por un arqueo de su cuerpo y una distensión de sus músculos, mientras sus jugos vaginales salían a borbotones.
—¡Aghhhhhhhh, ricoooooooo, aghhhhhhhh!
Detuve mis movimientos y esperé unos instantes a que se repusiera para reiniciar el mete y saca, a lo que ahora se prestó gustosa.
—¡Mételo todo... todo, todo!
—¿Te gusta?
—¡Sí... es ricooooooooo!
—Pues toma... toma... toma... —le decía bombeando rítmicamente con las palabras.
—¡Sí, mijito, siiiiiiiiiiiiii! ¡¡¡Ricooooo, ricoooo, aghhhhhh!!!
Después de descansar un momento, tomé su cara y deposité un beso en su boca, al que ella respondió sacando la lengua y metiéndola en mi boca, donde jugueteó con la mía.
—¿Te gustó la sorpresa? —pregunté aludiendo a su "despertar" con mi verga en la entrada de su vulva.
—No... eso no fue sorpresa cariño...
—¿Cómo así?
—El propósito de este viaje era este precisamente... Cuando te sorprendí con Jenny en la pieza de los materiales tomé la decisión de estar contigo a solas, para que me dieras lo mismo que le diste a ella...
Me quedé mudo por su revelación.
Viendo mi reacción, se subió encima de mí y me plantó un largo beso mientras su vagina jugueteaba sobre mi verga, alentándola a reanimarse.
—No pensemos más en ello... y mejor pensemos en nosotros... —decía mientras levantaba el cuerpo y se desprendía de su enagua, regalándome la vista de sus senos duros y parados por la excitación, en tanto subía sus brazos y hundía sus manos en su cabellera, en un gesto de seducción que hizo efecto inmediato en mí.
La levanté un poco y la acomodé sobre mi verga. Ella se dejó hacer, y cuando sintió mi instrumento a su entrada se dejó caer bruscamente comiéndose todo el trozo de carne.
A partir de ese momento empezó un cabalgar desenfrenado de ella sobre mi grupa, mientras acercaba sus senos para que yo los besara y chupara, cosa que hice con desesperación.
Antes de que le llegara el orgasmo se bajó y se puso en cuatro patas pidiéndome:
—Métemelo desde atrás...
Lo que hice de inmediato colocándome atrás de ella y llevando mi instrumento a su vulva, de manera que sus cachetes golpeaban mi cuerpo mientras la ensartaba.
Cuando empujaba mi verga en su interior, aferrado a sus muslos, uno de mis dedos se acercó a su entrada posterior, haciendo presión en ella con la intención de preparar el camino para una futura incursión por esa parte que mi hermana Claudia me había regalado en nuestro tercer encuentro y que tanto placer me produjo.
Mi dedo gordo se hundió en su entrada trasera pero mi madre no se dio cuenta debido al gozo que sentía con mi instrumento dentro de su vulva, moviéndose cada vez a mayor velocidad.
—¡¡¡Qué rico, mijito... que rico!!! —gritaba mientras su cuerpo se adelantaba y retrocedía a velocidad vertiginosa, lo que hacía dificultoso mantenerle mi instrumento adentro.
—¡¡¡Yaghhhhhhhhh.... siiiiiiiiiiiiii!!! —su cuerpo se desplomó en la cama en tanto mi instrumento seguía bien clavado, al igual que mi dedo en su entrada posterior.
—¡¡Te pasaste, mijito!! —dijo mientras con un fuerte suspiro parecía exhalar toda la energía que aún quedaba en su cuerpo, terminando por quedar quieta, acostada boca abajo, con mi verga en su entrada anterior y mi dedo en la posterior.
Saqué mi dedo con la clara intención de reemplazarlo por mi verga, pero ella se negó rotundamente pues nunca lo había hecho por ahí y pensaba que era peligroso.
Esa noche casi no dormimos, dedicados por completo a poner al día a mi madre de tantos años de abstinencia, cosa que parece que logré a decir por la cara de felicidad con que amaneció al día siguiente.
Nuestra casa fue el escenario de nuestros futuros encuentros, cuando ambos quedábamos solos, especialmente después del casamiento de Claudia, con la cual aún seguimos en contacto para "recordar" nuestra infancia.